¿Y quién es ese gigante? El sector informal

La tarea de encontrar una definición para el tema de la informalidad es un viaje bastante interesante ya que podemos encontrar muchos puntos de vista. No obstante, el concepto utilizado desde 1991 por la Organización Internacional del Trabajo (www.ilo.org) es el más acertado para usarse en este artículo. Se podría conceptualizar como las actividades económicas de pequeña escala y no registradas, o también, aquellas pequeñas unidades productivas y de distribución de bienes y servicios, las cuales pueden pertenecer a miembros de la familia o asalariados, son negocios que disponen de muy poco capital, su productividad es reducida y sus ingresos son muy bajos e irregulares. El camino para completar la definición incluye términos como “trabajo decente” lo que incluye temas relacionados con la protección de los derechos y beneficios de los trabajadores. En general, dentro de sus características principales, las empresas en este sector realizan actividades comerciales sin estar debidamente registradas, no llevan ningún tipo de registro contable, no pagan impuestos y no pagan afiliaciones del seguro social.
Es una realidad que el sector informal es un fenómeno que no solo genera empleos para más del 60% de la población económicamente activa (PEA) de Nicaragua, sino también, es considerado el escenario donde interactúan la mayoría de las micro, pequeñas y medianas empresas. Los dueños de negocios en Nicaragua tienen que batallar con la decisión de cruzar el puente de la informalidad a la formalidad. No obstante, las dudas empiezan cuando en el camino se encuentran con algunas trabas para proteger sus derechos, mejorar sus procesos productivos, obtener materia prima, promover sus negocios, registrar sus marcas, acceder a créditos, entre otros.

El marco legal nicaragüense, a pesar de tener una gran variedad de leyes que promueven las actividades empresariales y la inversión, tiene un vacío en cuanto a las facilidades que se deben proveer para que las mipymes migren hacia el sector formal. El sistema presenta debilidades para que los negocios puedan crecer y salten de ese estado de empresas de subsistencia. El gobierno carece de datos relacionados con el sector y no tienen una estrategia específica para atacar a este monstruo, por lo que, cruzar la línea hacia la formalidad sigue siendo no muy atractivo para las empresas. En este sentido los dueños de mipymes, empresas familiares o trabajadores por cuenta propia prefieren evadir el tema y subsistir hasta donde el estatus de informalidad se lo permita.

En conclusión, la informalidad no es solamente un asunto del gobierno.  Además, no es una posición muy acertada evadir el tema y batallar ante el status de subsistencia para afrontar las necesidades inmediatas que cada día viven los pequeños negocios. Las mipymes deben estar cada vez más involucradas en lo que se trata a políticas públicas, leyes y proyectos para el sector. La participación del gremio es la clave para que las demandas sean incluidas en las políticas de estado y que las empresas puedan sobrepasar los retos que se plantean.

 

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Nadia Arévalo Muñoz

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